jueves, 22 de noviembre de 2007

Imposible pero real: crónica de una noche en Barcelona (2002)

Es de noche en Barcelona. Y noche en Barcelona significa remontarse a cuentos de hadas y brujas que escuchábamos cuando éramos niños; esos que nos producían esa mezcla de placer, temor y escalofríos.

Las noches de Barcelona son misteriosas e infinitas como las miradas de las incontables gárgolas de su Barrio Gótico. Caminando por aquí uno se siente observado, siente presencias y un poco de vértigo ante estos muros cargados de historias y recuerdos. Por un instante miro esos ladrillos marcados por el paso de los años e imagino que mi mirada será tomada, absorbida por ellos, y devuelta siglos después a otras personas. Eso mismo siento en este momento: siento en mí el reflejo de miradas de tiempos antiguos. Necesito tocar esas piedras, palparlas como queriendo comprobar que no hay ojos observándome incrustados en ellas. Me acerco y apoyando mis manos verifico la dureza de la piedra y el paso del tiempo en las yemas de mis dedos: No, no hay ojos, pero sé que hay miles de miradas enterradas allí adentro.

La “Plaça Reial” está colmada de gente buscando la vibración de la noche Catalana, buscando diversión y eso mismo busco yo. Caigo en la cuenta de que mi amigo Mauri debe estar esperándome desde hace unos quince minutos y acelero un poco el paso. Efectivamente, lo encuentro fumando apoyado en la pared y nos damos un fuerte abrazo bien argentino.

Dicen que Karma es un lindo boliche para los que pasamos por varios años los veinte. También dicen que en la Plaça hay oferta nocturna para todos los gustos y no todo es lo que se ve. Decidimos entrar a Karma y vemos una mezcla de estilos y latitudes que resulta en un buen clima para la diversión. Es Semana Santa y en esta época Barcelona es el destino preferido por miles de jóvenes de todo el mundo, especialmente de Europa. Es así como entro en conversación, o mejor dicho, entro en intercambio de miradas y en un intento de comunicación verbal con María. Sí, un nombre tan familiar para nosotros, pero no…María es sueca. Mis ojos dan justo sobre la boca de esta morocha alta de ojos verdes lo cual no es una complicación mayor al menos para mí. Tengo la excusa perfecta para perderme en su sonrisa de labios finos pero sensuales.

María se entusiasma exageradamente cuando el DJ pone la canción “She’s got a look” de Roxette. Me siento casi de más, en medio de un ritual que no entiendo ni me pertenece. Aunque sí, la entiendo…imagino como me sentiría si aquí, a miles de kilómetros de casa escuchara “Un Símbolo de Paz” de Charly García. Pero mi presencia ha dejado siquiera de ser percibida por María quien se fascina bailando con sus amigas e intercambian gritos que no comprendo ( será Sueco?).

Fiel al Gin Tonic busco inspiración en varios tragos para mantener la esperanza de que María deje a Roxette y a sus amigas y nos perdamos juntos en algún rincón del barrio antiguo… Pero si eso es lo que yo caratularía como un “esta es mi noche” concluyo que no, esta no es mi noche. Busco justificarla y justificarme por el primer fracaso de la noche y defino a la actitud de María como “lícita” si existe otro término más frío para disfrazar la desilusión. María se me viene e intuyo que es el golpe del final…me anota un teléfono de muchos dígitos y poco legible y me dice que quiere estar con sus amigas. Mis labios atinan a repetir mi pensamiento pero sin sonido: “decisión lícita”. Lo busco a Mauri y tras un par de vueltas por el boliche decidimos buscar nuevos destinos.

“Me dijo un amigo que le dijo otro que le dijo su hermano que en la Plaça Reial hay un bar oculto” dice Mauri en un rosarino bastante intacto para un ser un expatriado y para esta hora de la noche. “Sí, oculto, tan oculto como los misterios mismos de la noche. Dicen que hay que tocar timbre y subir una escalera larga y así se llega al Pipa Bar”. La idea me pareció fascinante y sentí que no podía dejar de conocer ese lugar. “Hay un solo problema: no sé ni donde está ni que timbre tocar”. Bueno, parece que además de misteriosa la misión no era para nada sencilla, pensé al tiempo que se me mezclaban la desilusión y la curiosidad por encontrar ese lugar. ¿Cómo encontrarlo entonces? ¿Cómo no tocar un timbre equivocado y desatar la ira de alguien que estaría durmiendo plácidamente?.

Caminamos en círculos, rodeando la Plaça, escudriñando cada rincón con la esperanza de que sea la famosa puertita del bar. En eso vemos a tres chicas tocando un timbre lo cual no sólo era suficiente para suponer que tenían una pista certera sobre donde quedaba el lugar sino también para lograr al menos una aproximación con el sexo opuesto, la misión de la noche al fin de cuentas. Nos acercamos y entablamos rápidamente conversación. Las chicas son de Estados Unidos y mi buen manejo del inglés me configura con exclusividad en interlocutor privilegiado. En tanto, por hablar algo de español, Michelle lidera su equipo del otro lado. Su mirada cristalina y profunda me da calma, me transmite amistad y hasta algo familiar.

Michelle es rubia y sonríe con frescura, casi me atrevería a decir que tiene una mirada un poco latina. Alguien contesta al timbre y comenzamos a subir unas escaleras largas hacia el Pipa Bar. La expectativa y la intriga por lo oculto y secreto crece con la subida de cada escalón. Llegamos al segundo piso y encontramos un lugar con aires de bohemia e intelectual. Me imagino que tal vez le hubiera gustado a Roberto Fontanarrosa escribir y dibujar aquí durante sus viajes a Barcelona. Quiero seguir hablando con Michelle, hay algo en ella que me dice más que sus palabras, son sus miradas o sus gestos tal vez que conllevan una especie de secreto contenido, una verdad reveladora.

Pedimos una cerveza y nos quedamos hablando en un rincón del bar que por cierto está bastante poblado para tener un acceso tan secreto. Michelle me comenta que su padre es argentino y que viven en Washington DC. Le comento que tengo un tío en DC. Continúa diciéndome que su padre es médico y retruco que mi tío, el que vive en DC, también es médico. Michelle retruca que su padre es oriundo de Córdoba pero que también tiene familiares en Rosario. Pienso que me creerá un aprovechador, un “versero”, si le digo que mi tío de DC es también nacido en Córdoba y decido esperar a ver como evoluciona la conversación.

En realidad entro en estado “scanning” y mi mente se vuelve por un momento en una especie de “google earth” del tiempo y del espacio en mi memoria . Hago “zoom ins” y “zoom outs”, me acerco, me alejo y retrocedo y avanzo en el tiempo. Sé que estoy cerca y pauso la “tira” en 1979, WDC, veo un jardín con ardillas en una tarde de otoño. La veo a Carol, la encantadora esposa de mi tío, sirviendo un café humeante y exquisito. El llanto de un bebé la levanta de la mesa y vuelve con ella en sus brazos. Es una hermosa bebita.

Vuelvo a retroceder la imagen y pongo avance lento expectante de poder escuchar o leer en los labios de la madre el nombre de la niña. Pero es entonces el padre, mi tío, quien suavemente y con voz de padre enternecido dice “hola Michelle” y besa a la niña. Vuelvo entonces al Pipa Bar y me pregunto cuanto tiempo habrá transcurrido desde que me metí para adentro. Pero veo en el cigarrillo de Mauri que no pueden haber pasado más que uno o dos segundos. La miro a Michelle y ahora estoy convencido y conmovido de saber quién es.

Entonces le digo su nombre completo, el de sus padres y simplemente que soy su primo argentino Juan Manuel. Michelle comprende pero no entiende al principio…al igual que yo no sale del asombro de este encuentro tan mágico. Celebramos y brindamos. Amante de la probabilidad intento en vano hacer algunos cálculos tras tanto alcohol ingerido para concluir simplemente que este es un encuentro "probabilísticamente" imposible. Sólo en una noche de Barcelona esto podía ocurrir. Barcelona es mágica y sus noches son misteriosas. Vuelvo al hostel, me acuesto y me vuelvo a convencer. Uno: Barcelona es fantástica. Dos: cada viaje que realizo siento que estoy más vivo. Tres: ya estoy dormido.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

excelente relato, me lo guardo.

Anónimo dijo...

The name of the song is "The Look" not "she's got the look".

People en Suecia is VERY pisst off right now.

Watch your back. You never know when you have a sueco-atorrante behind you.